Los índices de trabajo en negro publicados por la última encuesta permanente de hogares, no son muy alentadores. La realidad es, que a pesar de los intentos de regularización, penalización y denuncia de ilícitos, el problema parece no encontrar solución posible, al menos en Argentina.
Según los índices del INDEC, el trabajo en negro en el país asciende al 40,4%, lo que equivale a 4,5 millones de trabajadores sobre el total, bajo relación de dependencia como "asalariados sin descuento jubilatorio”. Sólo en la Ciudad de Buenos Aires, uno de cada tres trabajadores esta en negro, según las estadísticas oficiales, que aseguran que en el conurbano, se supera la media nacional, ascendiendo al 43,1%.
Ahora bien, es una realidad que la determinación de estos índices puede ser puesta en duda, conociendo el delicado estado de la institución que los regula (debido a su intervención), pero aun así, la pregunta que surge es como se realizan los controles, o lo que es más cuestionable aún, si hay realmente un control del trabajo clandestino impulsado desde el Estado.
Uno de los grupos de trabajadores que mas concentra esta modalidad laboral, es el rubro textil. Los trabajadores de las fábricas clandestinas son bocatto di cardinale, para las grandes marcas de indumentaria, quienes, en busca de bajar sus costos de producción, contratan inmigrantes de países limítrofes como Perú, Paraguay y Bolivia, para trabajar turnos de 12hs, en condiciones esclavas y de hacinación.
Luego del trágico incendio en Caballito, en marzo del 2006, donde fallecieron seis inmigrantes bolivianos, el Estado, puntualmente el Ministerio de Trabajo, comenzó un programa de control e inspección que logró cerrar dieciocho talleres clandestinos. Debido a estos controles, los talleres clandestinos, lejos de desaparecer, se mudaron al conurbano, donde según los datos del INDEC se encuentra el mayor índice de trabajadores no registrados e irregularidad.
Pasado el huracán del operativo, la situación regreso a un estado anterior, con la única diferencia que el hermetismo que se aplicó al tema, hizo que los talleres, fueran cada vez más difíciles de detectar. A partir de esta situación, pequeñas cooperativas y organizaciones, de las que participan ex - trabajadores de algunas de estas fábricas clausuradas, realizan seguimientos y trabajo hasta de espionaje para lograr denunciar y además liberar a trabajadores, que en la mayoría de los casos, no están en pleno conocimiento del lugar donde van a trabajar, hasta que las puertas se cierran.
Esta es, solo una de las facetas del trabajo en negro en Argentina, una que tiene solución. Informar desde el Estado a los ciudadanos sobre sus derechos como trabajadores y, penalizar conscientemente a las empresas en condiciones de irregularidad, seria una de las maneras de comenzar a desmantelar esta red de esclavitud. Trabajo es un derecho. Trabajo es una obligación. Trabajo es aquello que no harías si no te pagaran por ello.
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