miércoles, 19 de noviembre de 2008

El poder de la caja boba: una delgada línea entre la teoría conspirativa y la teoría del caos


Tragedia de Avellaneda



El 26 de junio de 2002, debido a un enfrentamiento entre dos agrupaciones piqueteras y una unidad de la policía federal, en el puente Avellaneda, murieron los piqueteros Maximiliano Kosteki y Darío Santillán. A pesar, y gracias a que todos los medios estaban ese día cubriendo los incidentes, las imágenes muestran cómo la policía disparar contra ellos y a tantos otros, ocasionando la muerte de los jóvenes.

Los asesinatos de Kosteki y Santillán fueron trasmitidos en vivo, al dia siguiente y a la semana siguiente, y todos los 26 de cada mes. Cada medio, más allá de inclinaciones e ideologías, debía formar la posibilidad de generar que el espectador descrea lo que veía, algo que fue posible gracias al poder de la edición.
Desde el gobierno comenzaron a circular versiones de un enfrentamiento entre ambos bandos piqueteros, “no los mato la policía, fueron bandos que se enfrentaron entre ellos”, comentaban las fuentes. Gracias a las pericias y la revisión del expediente del caso, se llega a la conclusión que hubo llamadas el 26, antes de ese día y después de ese día y que los enfrentamientos y los incidentes estuvieron programados.


Clarín publicó en su tapa “la crisis causó dos nuevas muertes”. Tal vez, al momento del cierre, ocurrió que crisis haya sido un nuevo apodo de las fuerzas de seguridad argentina, como en su momento fue el mote de maldita policía, pero no, la crisis, es el chivo expiatorio, es la búsqueda para redireccionar la mirada de la opinión publica hacia el lado de en frente, el problema fue entre ellos, la policía quedó como una victima indefensa, que solamente supo defenderse con escopetas y balas de plomo, frente a los “sanguinarios rebeldes piqueteros” y sus poderosas e imbatibles gomeras y piedras.

Lo bueno es que un buen día la opinión pública cambió, gracias a que dos días después los medios cambiaron mágicamente su discurso, ese dia, fue el dia en que se condenaron a los verdaderos culpables a los autores materiales, a esos policías que recibieron la orden y comenzaron a disparar entre las dos columnas piqueteras.

Curiosamente, estos crímenes tuvieron una resolución igual pero opuesta al caso Republica de Cromagnon. En este caso todos los culpables presentes en el conflicto fueron juzgados y encarcelados, el ex comisario Alfredo Fanchiotti, cumple condena de prisión perpetua en la Unidad 25, de Olmos. Una pena similar le fue aplicada al ex cabo de la policía bonaerense Alejandro Acosta, que por entonces era chofer del ex comisario. También fueron condenados a 4 años de prisión los ex policías Carlos Quevedo, Félix Vega y Mario de La Fuente, y a 2 y 3 años de cárcel a los ex agentes Lorenzo Colman y Gastón Sierra por el delito de "encubrimiento agravado". El ex policía Celestino Robledo fue sentenciado a diez meses de prisión en suspenso por usurpación de títulos y honores.

En Cromagnon, se cortaron cabezas, comenzó una caza de brujas poco feliz, pues a medida que ingresamos en la intensa red de negociados que llevo a la tragedia entendemos que solo dos o tres personas no son responsables por un aparato gubernamental corrupto desde la raíz. La realidad es que, aquellos que dieron la orden de reprimir, quienes enviaron a la policía al puente, siguen libres cual moscas. La causa por las responsabilidades políticas de las muertes del 26 de junio de 2002, que ronda sobre personajes nefastos de nuestro país, como Sola o Duhalde, continúa sin avances. Esta es nuestra Argentina, bananera y corrupta, una Argentina que no conoce de patriotismos mas allá del mundial de fútbol y que no conoce otra verdad que la que ve en la tele.

Informacion Adicional :

www.masacredeavellaneda.org

es.wordpress.com/tag/maximiliano-kosteki

www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/45853-15633-2005-01-09.html

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